

En Acámbaro, ante aproximadamente 80 000 hombres Hidalgo fue proclamado generalísimo y Allende capitán general. Después insurgentes se enfrentaron a los realistas en el Monte de las Cruces, triunfando los insurgentes. Allende propuso marchar y tomar la ciudad de México, ya que sentía que la toma de la capital significaría mucho para la lucha; pero Hidalgo no estuvo conforme y ordenó que se retrocediera, más tarde sufrieron una derrota en Aculco.
Como existían muchas diferencias entre Hidalgo y Allende, este último decidió dedicarse sólo a la organización del ejército. Durante una batalla en el Puente de Calderón, Allende mostró una vez más sus dotes militares; pero una explosión de un carro de municiones de los insurgentes facilitó la victoria del enemigo.
Ya que las discordias entre los caudillos aumentaron, los oficiales superiores del ejército insurgente exigieron a Hidalgo su renuncia. Así Allende fue nombrado generalísimo, y ordenó la retirada hacia Saltillo, para de ahí marchar hacia Estados Unidos a fin de conseguir armas y dinero y volver a combatir.
En marzo de 1811 los caudillos de la Independencia fueron capturados, por una traición de Ignacio Elizondo, en Acatita de Baján. Allende fue el único que opuso resistencia y luchó hasta el final. Los prisioneros fueron conducidos a Chihuahua, donde se les procesó, estuvieron incomunicados y encadenados.
Durante su juicio Allende se portó muy educado, pero al ver que el juez lo trataba con desprecio, rompió las esposas que tría en las manos y con el pedazo de cadena que colgaba le dio un fuerte golpe en la cabeza. Así fue sentenciado a muerte y fusilado el 26 de junio de 1811, después fue decapitado.
Su cabeza fue colgada en uno de los ángulos de la Alhóndiga de Granaditas en la ciudad de Guanajuato, al igual que las de los héroes Hidalgo, Aldama y José Mariano Jiménez, y ahí permaneció hasta marzo de 1821. Sus restos reposan en la cripta de la Columna de la Independencia, en la ciudad de México.

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