Las personas con inactividad prolongada o que tienen trabajos sedentarios y no realizan ejercicio físico, están más propensas a padecer atrofia muscular, la cual caracteriza por la falta de estímulo nervioso en la placa neuromuscular, lo que ocasiona pérdida de fuerza en los músculos, explicó Juan Ramón Bonfil, Jefe de Servicio de Ortopedia en el Hospital General de México.
Entre las consecuencias que presenta esta enfermedad se encuentra la miotonía, es decir, la dificultad para la relajación después de una contracción muscular voluntaria y aunque no es dolorosa, provoca problemas de debilidad y pérdida de volumen en el músculo.
La debilidad de los músculos puede llevar a la insuficiencia respiratoria, pero sobre todo afecta el sistema nervioso central, y causa problemas de la visión y el habla, convulsiones y cambios estructurales en el cerebro.
De acuerdo con el especialista, este padecimiento se puede presentar en cualquier etapa de la vida, pero es más común en el envejecimiento, y entre los síntomas se encuentra dolor en las articulaciones, pérdida de fuerza y grosor en el músculo de las extremidades.
Otros factores de riesgo destacan la desnutrición, poliomielitis, osteoartritis o infecciones por virus, los cuales pueden generar diferentes tipos de atrofia como la neurológica, viral, músculo esquelética y congénita, que presenta desde el nacimiento.
El experto mencionó que el tipo más grave de atrofia muscular neurológica es la neurógena, que ocurre cuando hay una lesión en un nervio que conecta al músculo, y se manifiesta de forma repentina.
En base a ello, Juan Ramón Bonfil recomendó a las personas que tienen atrofia muscular que empeora gradualmente, contar con un programa de ejercicios acuáticos y de rehabilitación bajo la orientación de un terapeuta o un médico.

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